Feminismo de barrio: Mujeres al oeste

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Feminismo de barrio: Mujeres al oeste

Desde hace 20 años Mujeres al Oeste libran la batalla contra la violencia machista en el conurbano. Qué ven desde esa trinchera: los cambios, las necesidades y las estrategias sociales creadas para dar respuesta a pesar de la indiferencia estatal.

Los cuerpos están transpirados, la sensación térmica superó ampliamente los 40 grados y aunque las suelas queman sobre el asfalto cuatro mujeres caminan a recibir a otras mujeres. Son integrantes de Mujeres al Oeste, una organización feminista del oeste del conurbano bonaerense que en el primer piso de la Sociedad de Fomento “La Salita” en Castelar todos los miércoles se sientan a escuchar. Mujeres a mujeres.

La semilla de Mujeres al Oeste fue, en 1995, un programa de radio, “Aquelarre al Oeste”, en una FM del gran Buenos Aires. Durante siete años se sostuvieron frente al micrófono en el éter hasta que en el año 2002 la época las empujó a asumir la necesidad de expandirse hacia un espacio físico propio. Abrieron las puertas en Morón y así las sostuvieron hasta diciembre del año pasado. En momentos en que el encuentro se vuelve a hacer vital el actual panorama económico no les permitió renovar el alquiler, y el año que acaba de arrancar las vuelve a poner, como ellas mismas relatan en un folleto, a la intemperie. En la calle.

Escuchar

Mujeres al Oeste desde hace más de veinte años trabaja fundamentalmente sobre:

  • Salud sexual y reproductiva que incluye una militancia incansable por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. En una entrevista con lavaca Zulema Palma, médica especialista en ginecología e integrante de Mujeres al Oeste, advirtió: “En la formación médica en las universidades,  de grado y postgrado,  falta todo lo que tiene que ver con violencia contra las mujeres, con sexualidades y con derechos. Una de las claves es cómo trabajamos con los médicos y médicas para que se relacionen con el aborto desde otro lugar que no sea la moral: comprender cómo se forman, cómo de deforman, cómo se rehabilitan y cómo cumplen con sus obligaciones a conciencia. Los médicos no toman el aborto como un problema de salud. Lo juzgan moralmente, desde una perspectiva estrecha y muy personal. Enseguida hablan de objeción de conciencia, cuando muchas veces no lo es. Me han dicho: ´no estoy de acuerdo con el aborto porque no estoy de acuerdo con que las mujeres aborten´. Eso no es objeción de conciencia: ese es un argumento político. Eso es decir: ´no quiero que abortes y como yo tengo el conocimiento, no te practico el tratamiento´”
  • Capacitaciones y talleres en centros comunitarios y colegios profesionales.
  • Atención y prevención de la violencia contra las mujeres. Espacio que Adelina, trabajadora social que desde hace un año integra la organización, define como el área de “interacción y llegada constante a la comunidad, el servicio directo que prestamos”.

En ese contacto hay mujeres formadas en diversas disciplinas como médicas, psicólogas sociales, abogadas y trabajadoras sociales entre otras, que tienen la “convicción que las mujeres que sufren violencia en su vida cotidiana precisan de un espacio y un tiempo donde, con respeto y sin juzgarlas, se las acompañe en la tarea de reconstruir su autoestima, su salud física y emocional y sus derechos como personas”, explica uno de los folletos del espacio.

Saben, ante todo, qué pueden garantizar como organización y qué no: por eso deciden no trabajar en la emergencia. Si reciben un llamado telefónico de una mujer en situación de emergencia le pasan la información y recursos que tienen y hacen la derivación a otros espacios. “Pero en general las mujeres que llegan al llamado telefónico son mujeres que empiezan a tener un registro de la situación que viven”, explica Cristina, psicóloga social que junto a otras compañeras se encarga de recibir a las mujeres en un primer encuentro que se coordina después de la llamada. “Lo que hacemos es, a través del relato de la mujer que viene a solicitar contención e información, ir desarmando estereotipos. Los estereotipos del patriarcado que dice que el violento es violento porque se droga, porque es alcohólico, porque está enfermo, porque sufrió violencia. Los vamos desarmando porque en realidad son justificaciones: el único responsable de la violencia es el agresor que la ejerce”.

Mitos y realidades

En el primer piso de “La Salita” en Castelar, sobre la mesa junto al mate un tríptico de papel anuncia: Mitos y realidades sobre la violencia contra las mujeres. Acá algunos aportes para desnaturalizar la violencia:

Mito: La violencia contra las mujeres, cuando sucede al interior de la familia, es un problema de ámbito privado, y por ende, nadie debe meterse. Realidad: Considerar la vida familiar como “ámbito privado” invisibiliza la magnitud del problema y perpetua la violencia. Las mujeres maltratadas sienten que traicionan a su pareja y a su “familia”, cuando cuentan a alguien lo que les pasa o cuando piden ayuda, porque hacen público lo que consideran privado. Por otro lado, reducir la violencia contra las mujeres al ámbito privado impide que la sociedad en su conjunto se haga cargo del problema (…)

Mito: Los casos de violencia contra las mujeres al interior de la familia no representan un problema de gran magnitud. Realidad: En Argentina en 1 de cada 5 parejas hay violencia. En  el 42% de los casos de mujeres asesinadas, el crimen lo realiza su pareja. El 37% de las mujeres golpeadas por sus esposos lleva 20 años o más soportando abusos de este tipo. Según datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el 54% de las mujeres golpeadas son agredidas por sus maridos o parejas. El 30% denuncia que el maltrato se prolongó más de 11 años. Si bien estas son cifras contundentes representan la punta del iceberg (…)

Mito: La violencia contra las mujeres es un problema de las clases sociales más pobres. Realidad: Según datos oficiales de la Dirección de Políticas de Género de la Provincia de Buenos Aires un 70% d las denuncias recibidas por violencia familiar son de clase media (…)

Mito: Las mujeres golpeadas se quedan porque les gusta que les peguen. Realidad: A ninguna mujer le gusta ser golpeada ni humillada. Esta es una interpretación simplista, propia de una sociedad patriarcal y machista que considera a las mujeres “culpables de todo lo que les pasa”(…)

Mito: Los hombres violentos son enfermos o adictos y por eso golpean a las mujeres. Realidad: (…) Tratar a los violentos como enfermos justifica su violencia, principalmente cuando el problema llega a la justicia. Golpear es un delito que tiene un responsable: el golpeador.

Mito: Las mujeres son maltratadas y/o golpeadas porque se lo merecen. Realidad: Nadie tiene derecho a ejercer violencia sobre otra persona. Pensar que las mujeres “merecen” el maltrato y/o los golpes es culparlas por la violencia que sufren. Este es el argumento que utilizan los victimarios para justificar su violencia, de tal manera que las victimas sientan que hicieron algo que los “provocó”. Repetirlo socialmente es una forma de trasladar la culpa del victimario a la víctima, impidiendo que ésa última reconozca la violencia que padece.

Mirar

¿Qué se ve cuando se relevan las entrevistas de los últimos años?

Cristina aporta: “Pudimos ver que la violencia se está dando en parejas con menos años de convivencia. La mujer lo detecta antes, no se dan esos casos de 10, 15 años de padecer violencia, son muy pocos, lo que más nos consultan son mujeres jóvenes, con hijos pequeños”.

Adelina suma: “La parte negativa de ese indicador es la intensidad: los ciclos de la violencia suelen ser más cortos, más breves, entonces la intensidad de la agresión tiende a acumularse más rápido, por ahí se llega a escalas mucho más violentas en menos tiempo. El ciclo se da más acelerado entonces la mujer lo detecta más rápido”.

Otro foco en el que ponen la mirada es en las adolescentes. Cristina: “Vemos mucho el tema de la violencia informática, en las redes sociales, hackear cuentas, el escrache, formas de hostigamiento, de amenaza. Mucho noviazgo violento en la adolescencia”. Adelina analiza: “la lógica del violento sigue siendo la misma; hay un trabajo muy minucioso en la denigración de la mujer, en aislarla. Va destrozando poco a poco lo que es la autonomía y la autoestima de la mujer. Ese es el objetivo, todo lo que va apareciendo en el camino son medios para y las redes sociales resultan ser un medio bastante viable para la reproducción y efectos que quieren lograr”.

Cristina advierte otra arista para mirar: “El violento, a medida que la mujer va teniendo estrategias para salir de esa violencia, lo que hace es generar nuevas y cada vez más violentas. Ahora el homicidio es vinculado, es al entorno familiar, es lo que empezamos a ver como nuevo. Esa es la respuesta del patriarcado”.

Graciela explica: “Vemos que con esta impunidad que tienen no les importa ni la perimetral ni nada. Hemos escuchado mensajes que le dicen: ‘sabes que me importa tres carajos que tengas la perimetral’. Por otro lado vemos lo que llamamos depredadores sociales, porque si en algún punto una mujer pudo a través de todo su proceso ponerle un corto, él va a buscar otra y va a seguir en la misma”. Por eso las Mujeres al Oeste creen necesaria la pregunta ¿Qué hacemos con los varones violentos?

Abrazar

Graciela es psicóloga social, desde hace cuatro años integra Mujeres al Oeste y coordina los grupos los miércoles a la tarde en “La Salita” de Castelar. “Trabajamos los mandatos, los roles, la desnaturalización de la violencia, el poder verse como sujeto porque el violento las puso en un lugar de objetivación, de objeto, a merced de lo que él quería y decía. Si bien no es un grupo terapéutico, todo grupo funciona terapéuticamente en el hecho de poder ver al otro. Como están en distintos procesos hay un juego de identificación. Nuestro rol es ser co-pensantes de ellas, nunca decimos lo que tienen que hacer”.

Lo definen como un espacio de empoderamiento. Cristina agrega desde su experiencia: “Lo que creemos que es un pilar en el espacio grupal es que las mujeres se ven reflejadas en otras. Van viendo los distintos procesos de cada una porque no todas entran al espacio grupal con el mismo proceso. Al escuchar a las demás ven que lo que les pasa a ellas no les pasa a ellas solas. El violento lo que hace, durante mucho tiempo, es intimidarlas, un trabajo muy sutil que le corta la capacidad de acción y de pensamiento a las mujeres. Es quitarles toda capacidad de toma de decisiones, más allá de las profesiones y clase social. Es un trabajo muy fino el que hay que ir haciendo para que estas mujeres recuperen su identidad”.

Los grupos, que son abiertos, tienen como “objetivo que las mujeres puedan construir un proyecto propio. Al mejorar su calidad de vida, porque empieza a aparecer la voz de la mujer que estuvo tapada por la voz del violento, empiezan a poder construir un nuevo proyecto de vida, a retomar estudios, actividades, trabajos. Cuando llega ese momento ellas solas se dan el “alta” del espacio grupal, la idea es esa”

Camino al 8M

Adelina es contundente: “Todas tenemos el trabajo, por más feministas que seamos, de decontruir, de revisarnos a nosotras mismas y a nuestros propios mandatos. Cada una tiene que hacerlo a nivel individual y también a nivel grupal por eso nos juntamos en organizaciones como estas”

Graciela remarca el termómetro de realidad que se tiene desde la geografía femenina: “Nos hicieron creer lo sexo débil  pero en estos momentos demostramos que somos más fuertes que nunca. Tenemos muchos ejemplos históricos que en los momentos de mayor crisis hemos tenido que salir, empezando por las Madres y las Abuelas. Creo que de alguna manera somos portavoz de la realidad” y deja en claro: “Si hay que decir que estamos en contra de algo es en contra de la cultura patriarcal”

La noticia esperanzadora es que algo nuevo está naciendo. “Lo personal es político se está haciendo carne. Lo estamos pudiendo poner en el escenario público”, dice Adelina.

Hacia las calles y desde el oeste del conurbano van el 8 de marzo.

www.mujeresaloeste.org.ar

Tel: 4489-3330 / mao.aloeste@gmail.com

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